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Mi Primer Día de la Madre

Uff, no he comenzado a escribir y ya estoy llorando. No puedo creer que después de escribir y dedicar tantos Viernes de Nicole, por fin, me toca a mí. 

En algún momento de todos estos años, pensé qué tal vez, nunca tendría la bendición de ser madre. Pensé, tal vez, que sería solo una simple espectadora de un sentimiento tan grande. Es más, jamás imaginé ni tuve una medida de lo que era ese sentimiento. 

He pensando mucho en este Viernes de Nicole. He pensando en los muchos otros que he dedicado a mi mamá, a mis tías y a mis amigas. La admiración que he sentido por ellas. Sin embargo, solo podía ver el amor que otras daban, o sentir el que mi mamá me daba, pero nunca experimentar ese amor tan puro y real. 

Y es que desde el momento en que las madres nos enteramos que se está produciendo el maravilloso milagro de la vida, nuestra existencia cambia para siempre. Luchamos desde ese momento, no solo por nosotras, si no por ese ser indefenso que viene en camino. Ese ser que nos cambia la vida para siempre y da razón a nuestra existencia para para toda la vida. 

En esa lucha, en esta camino de encontrar mi razón de ser, Dios, porque no hay nadie más, me dio a Julián. Un pequeño maestro que me ha transformado por completo. La Nicole que yo era antes de Julián, qque, en mi cabeza de chocolate, era una mujer lista para lo que fuera y no tenía miedo; no estaba lista para NADA. He descubierto partes de mi corazón que ni sabía que existían. Me he dado cuenta que puedo padecer de la ansiedad más terrible y los nervios más pavorosos cuando se trata de Julián, cuando antes todo lo bebía frío y nada me turbaba ni espantaba. También he aprendido que el corazón crece todos los días. Todos los días me despierto con más y más amor. La verdad, no sé cómo pasa, pero el amor se desborda por ver unos ojos que están llenos de luz, esperanza y emoción. 

Toda esta transformación, sin duda alguna, viene de Julián. Me ha ido moldeando para ser la persona que él necesita. Y es que, sin duda alguna, la maternidad te cambia. Nos volvemos más conscientes, más pausadas, pero a la vez desarrollamos un instinto capaz de hacer lo que sea por nuestros hijos. La maternidad es tan transformadora que realmente reforma nuestra identidad. Nos parte para hacernos una persona nueva. Requiere de cada onza de vulnerabilidad que tenemos y nos fuerza a creer en nosotras mismas. Requiere una profunda inversión emocional en uno mismo, una fuente constante de paciencia y un amor feroz e inquebrantable.

Cada día que pasa me doy cuenta de la fortaleza que las madres tenemos. Sin importar nuestros dolores, tristezas, miedos o angustias, estamos ahí para nuestros hijos y somos ese lugar seguro para ellos. 

Evidentemente, sé que no he descubierto ni el 2% de la maternidad. Sé que me falta mucho por descubrir, por aprender y por sentir. Pero de lo que estoy segura es que mi corazón es de Julián. Que lo que sea que venga podemos combatirlo juntos. Estoy lejos de ser la mamá perfecta, pero trato todos los días de vencer todo para darle lo mejor de mí. Julián me seguirá edificando, para ayudarlo a transformarse en el hombre que está destinado a ser.

Hoy después de muchos Viernes de Nicole del día de la madre, por fin me siento incluida y conocedora de ese amor. ¡Feliz día de la madre a todas las que damos todo el corazón a diario!



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