¡NO MÁS!

“¡MAMÁ! ¡ESCUCHAME! TE QUIERO CONTAR LO QUE ME HICIERON PORQUE ELLOS ME DIJERON QUE SE ME IBA A OLVIDAR TODO. ¡GRABAME, MAMI, GRABAME!”

¿Qué pensarías al escuchar estas palabras de la persona que más amas en tu vida, después de encontrarla destrozada, ensangrentada y ultrajada? ¿Qué sentiría tu corazón? ¿Qué sentirías al escuchar este relato de cualquier persona, dígase una niña de 16 años? ¿Qué harías ante tal situación?

El pasado 20 de abril, una niña de 16 años, llamada Alejandra fue salvajemente violada por 4 individuos. La niña se encontraba en un conocido hotel de la ciudad de La Ceiba, a plena luz del día, cuando su mamá le pide que le haga el favor de ir a buscar a su primo. Dentro de un lugar con seguridad, la niña emprende en la búsqueda de su primo. Se encuentra con un amigo, alguien muy cercano a ella, que la dirige hacia donde estaban los “malhechores”. Honestamente, no sé que pasa ni cómo pasa, pero la niña es drogada, para luego ser violada por 4 hombres. Su madre la buscó hasta el cansancio, hasta que un pariente la encontró, llamó a su madre y la niña pronuncia esas imborrables palabras, “¡Mamá! ¡Escúchame!”…

Cuando yo, Nicole Vaquero, leí esto, me indigné. La sangre literalmente me hervía. El hecho que hayan violado a una niña en cualquier circunstancia me parece abominable. Su mamá, siendo abogada, perteneciente al Poder Judicial de Honduras, actuó de la manera correspondiente. Sin embargo, la justicia hondureña llegó tarde, dándole la oportunidad a los 4 salvajes de escapar. Todo esto me parecía a mí terrible, pero lo que realmente derramó el barril fue cuando al saberse la noticia a nivel nacional, la gente empezó a juzgar a la niña. Decían “que por qué la mamá la había dejado ir a una fiesta… que por qué andaba alcoholizada… que por qué andaba en traje de baño… que por qué se fue a meter donde habían hombres desconocidos… que por qué era de noche… que ella se había puesto en esa situación”. Todo lo que se dijo era mentira, la niña no andaba en una fiesta, no andaba sola, no estaba alcoholizada, ni era de noche, hizo lo que CUALQUIER veraneante hace en un lugar “seguro” y lleno de gente.

Me van a disculpar las personas que piensa así, pero VIOLACIÓN es VIOLACIÓN, sin importar las circunstancias. ¿Por qué queremos culpar a una vulnerada por el simple hecho de hacer lo que cualquier ser humano tiene derecho a hacer? ¿Por qué no podemos ver el daño que hacemos al querer llamar normal a lo malo? ¿Por qué la sociedad te castiga por vivir? ¿Por qué tenemos que aprender a callar, a escondernos, a sentir vergüenza, por un hecho en el cual no hicimos nada malo? Juzgamos los actos, e incluso los motivos de los demás, como si supiéramos cuáles son en realidad.

¿Sabían ustedes que cada 8 horas un niño o niña es violado en Honduras? ¿Sabían ustedes que según las estadísticas en San Pedro Sula y en Tegucigalpa se reciben al mes 200 denuncias de violación de mujeres? Estas son solo las que denuncian, ¿Qué pasa con el alto porcentaje que guarda silencio por miedo, por falta de recursos, porque simplemente es un tema tabú, o porque se dudará de la veracidad de los hechos que cuente? ¿Por qué la mujer pasa ser objeto en una circunstancia así?

La violación es un delito sexual que consiste en el acto de penetrar sexualmente a otra persona sin su consentimiento. Es un acto de agresión habitual en la violencia de género, cometido mayoritariamente por personas que tienen una relación muy cercana con las víctimas. Leer esta definición para mi, es suficiente para poder condenar a cualquiera que cometa este hecho. Sin embargo, se ha degenerado tanto nuestra moral, que quitamos responsabilidad a lo que realmente es un delito. Queremos esconder, no sé por qué motivo, razón o circunstancia, algo malo y lo queremos hacer pasar por bueno. Aplaudimos al cobarde y juzgamos a la víctima.

Son tantos los sentimientos que surgen dentro de mí: rabia, indignación, cólera, frustración e impotencia; pero en medio de esto surge la valentía y ésta su vez da paso a la esperanza. Alejandra, al pronunciar esas palabras está dispuesta a cortar la cadena del miedo y dar la lucha, no solo por su propia justicia, pero por la justicia de millones de mujeres que han encontrado fuerza en su relato. La fuerza de su mamá de no darse por vencida. Una mujer que no está dispuesta a negociar la dignidad de su hija. Una mujer que tiene la actitud correcta ante la justicia y la dignidad. En medio de esta lucha surge la esperanza para miles de mujeres que necesitan una voz. Miles de mujeres que gritan ¡NO MÁS! ¡YO NO QUIERO SER VIOLADA! ¡NO SOY UN OBJETO! Esta voz, pese a su dolor, surge como una boconada de aire fresco, iluminado un camino terriblemente oscuro.

Me uno a las voces que gritan “NO MÁS”. No significa no. No podemos parchar y demeritar las acciones malas por una verdad acomodada y conveniente. No podemos seguir sintiéndonos valientes en cada paso, cuando lo normal debería ser sentirnos libres. Me uno a la campaña donde las mujeres hondureñas luchamos por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

¡Feliz Viernes! 😊

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