¿Qué tanto haces?



El martes por la mañana me embargó un pensamiento y, a través de ciertos sucesos de la semana, confirmé el tema del cual debía escribir el viernes de hoy.


Cuando era pequeña, mis papás me llevaban todos los sábados a las 6pm a la iglesia. Íbamos primero a misa y luego a casa de mis abuelos, la cual quedaba convenientemente frente a la iglesia. A mi la misa no me llamaba mucho la atención y mucho menos los sermones de mi mamá que venían después de la homilia del padre. El mensaje no entraba ni por el sacerdote ni por mi mamá. Mi mamá hacia hincapié en las enseñanzas del evangelio. Uno de los evangelios a los que más le temía, no a la lectura misma, si no al sermón de mi mamá era el de la parábola de los “talentos”. El señor había dado a 3 siervos “x” cantidad de monedas, mientras él se ausentaba. Dos de los siervos invirtieron sus talentos y multiplicaron lo que se les había dado. Teniéndole ganancias a su señor al regresar. Sin embargo, el tercer siervo no hizo nada con él. Lo enterró para no derrocharlo ni perderlo y de esta manera entregárselo íntegro a su señor cuando este volviera. Cuando el señor regresó increpó a los siervos y cada uno dio sus respectivas cuentas. Los dos primeros fueron premiados y elogiados por haber aumentado el capital. Sin embargo, el tercero fue condenado por haragán.


Mi mamá siempre me decía “¿Qué le vas a decir a Dios cuando le tengas que dar cuenta de lo que te dio y no usaste?” En ese momento de la vida a mi solo me interesaba ver tele, hablar por teléfono con mis amigos y dormir. No me interesaban los deportes, es más ni tennis tenía; y no me interesaba desarrollar ningún tipo de talento extraordinario, aunque mi mamá me pusiera a clases especializadas de todo lo que ustedes se pudieran imaginar. Me aturdía ir a misa el sábado y tener que volarme el sermón, no solo la homilia.

Evidentemente, una vez maduré mi fe, aprendí a amar esa lectura y caí en la cuenta que mi mamá tenía toda la razón. Dios nos da una cantidad de habilidades y potestades. Nos da una misión, y cuando regresemos a su casa debemos dar cuenta de los frutos que tuvimos.


Después de la pandemia, la vida de verdad cambió. No sé si estamos más conscientes de lo corta, sublime y frágil que es la vida. Pero si me di cuenta de que muchas personas cerca mío están dándose cuenta de esto y quieren hacer de lo que les resta de vida todo lo que puedan con ella. Encontré diversidad de personas dejando su trabajo de una vida, sin importar la seguridad que estos les podían proporcionar, pero dándose cuenta que no eran felices y que necesitaban comenzar a vivir su vida ya. Luego, una amiga tuvo una experiencia cercana con la muerte. Me comentaba que al momento de verse confrontada con lo que podían ser sus últimos minutos de vida, pensaba que si había hecho todo lo que estaba a su alcance para vivir la vida al máximo. Sé preguntaba: “¿Qué sembré en estos años que se me dio la vida? ¿Qué hice con ella? ¿Amé lo suficiente?”


Hemos llorado a tantas personas por el Covid-19 y me pregunto, ¿habrán descubierto su propósito en la vida? ¿Habrán sido felices? ¿Habrán dado fruto todos sus talentos? ¿Tendrán con qué responder o serán como el siervo haragán que no hizo nada con el talento que se le dió?

A veces creo que todavía no hemos entendido que todo esto que la humanidad está pasando, es para darnos otra oportunidad. Para darnos cuenta que solo tenemos una vida y tenemos que explotarla al máximo. Es un despertar de qué es lo que tenemos que hacer, qué es lo que tenemos que vivir. Es salir de ese letargo y esa apatía que tenemos por la vida y decidirnos a vivirla explotando al máximo los talentos que se nos fueron dados. Sé que a veces suena extremo, pero ¿si no es ahora, cuándo?


Debemos enfrentarnos a la vida sabiendo que debemos desarrollarnos al máximo. Que si hace un año y medio no lo hacíamos, ¡ahora es el momento! Tengamos la seguridad que nadie nos reprochará por vivir, crecer, dar y amar. Volvamos con respuestas llenas con todo lo que hicimos con lo que se nos dió.


Ya no le temo a la parábola de los tálenos. Sé que tengo una misión y muchísimos propósitos en esta vida. No quiero dejar nada sin hacer. Deseo aprovechar este nuevo despertar para poder desarrollar los talentos que se me dieron. No quiero enterrarlos más. Quiero que al momento de verme confrontada con la muerte, en el juicio final, Dios me vea y me diga “Vos, Chela, estás salvada”.


¡Feliz Viernes! 😊


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