Una Revolución 


Cuando era pequeña soñaba que sería muchas cosas de adulta. En algún momento soñé en ser entre científica y astronauta, no sé ni cómo, ya que no tengo idea ni de la química ni de la física y mucho menos las matemáticas. Luego, ya más madura, soñé en que sería fotógrafa. Era algo que realmente me miraba haciendo, recorriendo el mundo en busca de paisajes espectaculares. Finalmente, el derecho me cautivó porque mezclaba mi pasión por hacer el bien y las letras. Nunca tuve algún sentimiento de que lo que me propusiera no fuera realizable. Sabía que lo que deseara con todo mi corazón lo podría ver concretado, tal vez no sería tan viable, pero si realizable. Nunca tuve una limitante pensando que habría algo que no pudiera ser.


Después de leer esta magistral ponencia sabía que debía compartirla con los niños, sabía que al escuchar esto, ellos podrían tener y conocer la ESPERANZA. El día de ayer me dispuse a leer de manera enfática las partes que me parecía que ellos debían escuchar. Mientras recorría el aula de fila en fila, me veían con sus enormes ojos, cada vez más abiertos ante las palabras que iba pronunciando. Cuando al fin terminé, presurosos en levantar la mano me comenzaron a preguntar: ¿Cómo era eso de ser Papa? ¿Se ganaba bien? ¿Que otras personas dan esos mensajes? Cuando comencé a ver la reacción de los niños inquietos me di cuenta que la esperanza comienza cuando se enciende una pequeña vela. Que sembrar en un niño una inquietud es crear una revolución. El Santo Padre tiene toda la razón cuando nos dice: ” ¡Que bonito sería que a medida que descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor mío!” Las personas a nuestros alrededor claman nuestra ayuda y siempre nos resulta indiferente. Me di cuenta de la gran necesidad de ternura y esperanza que tienen los niños. Que un medio convencional de amor nunca bastará para dar todo lo que ellos necesitan, se necesita ir al kilómetro extra con toda la creatividad del mundo para poder despertar la esperanza de la humanidad. Que nuestra existencia está ligada a los demás y la vida no es el tiempo que pasa, pero si el tiempo de encuentro con los demás seres alrededor mío. Sembrar esperanza es lo más bello y valioso que podemos hacer con nuestras vidas. Mostrarle a alguien que el éxito del futuro no se encuentra en las manos de los más grandes líderes o de las compañías más poderosas, pero que el poder más grande se encuentra en las personas que tienen la capacidad de reconocer al otro como un semejante, como parte de un todo y no solo una cifra, un descartado. En la vida no hay descartados, todos somos indispensables y únicos, lo que necesitamos hacer es reconocer que tenemos que crear un mañana prometedor por un “nosotros” no por un “yo”. Mis niños de sexto grado poco a poco sueñan en grande, sé que mostrándoles un camino, encendiéndoles una pequeña luz, pueden echar afuera toda la oscuridad y crear una revolución. “Cada uno de nosotros puede ser la vela encendida que recuerda que la luz prevalece sobre la oscuridad, no al contrario.”

¿Y tú que esperas para ser vela?


#Generosidad #PapaFrancisco #Revolucion #SerLuz

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