Vacaciones Todo el Año

¡Hoy escribo el viernes de Nicole desde mi casa y de vacaciones! Hace un año estas palabras no salían de mi boca porque me encontraba trabajándolas por un castigo ridículo, impuesto por una acción aún todavía más ridícula. En fin, hoy después de un año tan extraño, por fin puedo decir que: ¡Estoy de vacaciones! Mi cuñada Arabella diría, “¡Ay si has estado de vacaciones todo el año!” Y aunque hay un leve grado de verdad en sus palabras, yo creo que este año ha sido TODO menos vacaciones.

Este año ha sido en extremo retador. Desde el 15 de marzo el mundo entero se confinó. Nadie entraba ni salía de sus hogares. Teníamos un miedo colectivo ante la incertidumbre de no saber concretamente qué era lo que estaba pasando. Escuchábamos noticias sin parar y el teléfono y las redes sociales se convirtieron en los principales medios de comunicación. Dimos pie a la desinformación y al terror. A medida los días y los meses fueron pasado el estrés fue subiendo. Incrementaron los casos de COVID-19 y las empresas, a causa de la economía, se veían en la necesidad de cerrar. Han habido miles de suspendidos y aún más desempleados.

Poco a poco el mundo se fue abriendo, pero los contagios por el virus no disminuyeron. Empezamos a volver a nuestros trabajos con un gran miedo. Posiblemente nuestro mayor estrés no era contagiarnos nosotros, pero poder contagiar a los que amamos. Cada vez que alguien se acercaba a mi, mis brincos eran estratosféricos. Si proseguían acercándose, en un tono de voz nada sutil, les pedía que se apartaran. Aunado a este estrés, está también el de hacer tu trabajo bien, habiendo tantas limitaciones. El supermercado, las tiendas y los bancos se volvieron todos, en mi punto de vista, centros de estrés.

Si trabajamos desde la casa, desempeñábamos el triple o si no que el quíntuple de obligaciones. Teníamos que trabajar y cumplir con todo lo que se nos pidiera que se pudiera arreglar a través del teléfono y las computadoras, barrer, limpiar, trapear, cocinar, lavar baños y atender a nuestras familias, sumándole a esto las preocupaciones económicas, que no son pocas. Hacer alguna labor social para ayudar a los más necesitados y proseguir cuidándonos del virus, desinfectando cada una de las cosas que tocábamos.

Dolce far niente

Yo no sé ustedes, pero a mi estos 10 meses pasados me parecen TODO menos vacaciones. ¡ES NORMAL QUE ESTEMOS CANSADOS! Este 2020 ha sido realmente agotador desde todos los puntos de vista. Nos ha exprimido al máximo en todas las áreas de nuestras vidas, ya sea laboral, personal, espiritual, psicológica o mental. Realmente, sí ha sido un año pesado. Hablaba con una amiga y me contaba lo agotada que se sentía. Que pese a que seguía trabajando desde su casa, la conexión a su trabajo era prácticamente de 24 horas. Sumándole a esto ser ama de casa, mamá y esposa. Ella me expresaba cuánto desearía unas pequeñas vacaciones. Yo me quedé pensando en sus palabras y me di cuenta que todos estamos así de agotados o más aún. Todos necesitamos unas merecidas vacaciones después de este retador 2020.

Creo que aunque no hayamos salido de vacaciones, sigamos en nuestra conexión permanente y con todos nuestros múltiples oficios, nos debemos a nosotros mismos un espacio de amor, minutos de silencio y de aprecio para dejar ir todo el estrés que hemos tenido a lo largo de estos 10 meses. De apagar todos los ruidos, ya sean físicos o mentales, y darnos nuestro espacio. Todas nuestras obligaciones seguirán ahí, se los aseguro; pero si no nos tomamos un tiempo para nosotros, posiblemente seamos nosotros los que no estemos ahí para cumplir con las tan inminentes obligaciones. Las preocupaciones de ayer no nos pueden quitar las alegrías de hoy.

No sé qué es lo que los hace sentirse de vacaciones, pero piénsenlo. Dejen por un instante a un lado todas sus preocupaciones y cierren los ojos e imagínense en su lugar favorito sin tener ninguna preocupación. Consiéntanse y mímense para soltar todo ese estrés que vienen cargando de tantos meses y libérense para empezar revitalizados este año que nos está pisando los talones. También disfrutar del no hacer nada y de no pensar en nada es parte fundamental de la vida.

Aunque yo sigo aprendido el arte de no hacer nada, les puedo decir que por los últimos días he disfrutado mis actividades favoritas. He sido feliz con el simple hecho de saber que no “debo” días de vacaciones. He tratado de apagar ruidos y voces innecesarias para aprender a agradecer todo lo que este año dejó. Porque al final del día, esa es la gran lección: Agradecer por estar, por ser, por tener, por ganar, por perder, por ir, por venir, por intentar, por errar, por conocer y sentir. Si agradecemos, nuestros ojos verán nuevos colores. Al final del día, la gratitud es humildad, y la gratitud está de moda. 😉 ¡Feliz Viernes! 😊

¡Yo ya estoy de vacaciones!


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