Berta me lo dijo



Hoy podría hablares de muchas cosas: de la crisis de los 30, del vacío que se siente cuando uno de tus hermanos se casa, de las gomas morales, la crisis sanitaria en Honduras, y miles más. Y aunque de todos tengo algo grande y enorme que expresarles, me centraré en una experiencia que viví la semana pasada. Y cómo los azares del destino llevan todo a feliz término.


En el 2017 escribí un cuento titulado “El Río se lo dijo”. El relato se centra en las últimas horas de la activista, defensora del ambiente y derechos indígenas, Berta Caceres. Lo escribí con el propósito de participar en el Concurso iberoamericano del cuento de Julio Cortazar. Era la persona más emocionada del mundo al momento de escribirlo. Sentía que era lo mejor que se podía escribir; y no solo eso, no tenia duda alguna de ganar. Sin embargo, no fue así. No gané, pero ni las gracias por participar. No me da pena admitir que eso me desilusionó mucho. Tanto que después de imprimir muchos ejemplares, desistí de su promoción.


Por 5 años me había olvidado de mi cuento. Obviamente, recordaba a groso modo lo que había escrito, pero no recordaba el sentimiento en lo absoluto. Resulta que el día 7 de diciembre de 2020 a las 9:51 pm, recibí una mensaje de una persona preguntándome donde podían adquirir dicho cuento. Por alguna razón que desconozco, el mensaje entró a un buzón distinto al que podemos ver todos los días, pudiendo ver el dicho mensaje hasta el 12 de marzo del 2021. Cuando leí el mensaje, me puse en contacto con la persona que me escribía desde la Ciudad de México, disculpándome por la demora y preguntándole si todavía se encontraba interesada en adquirir el cuento.


Miren cómo es la vida de maravillosa: después de casi 4 meses sin una contestación, la persona que había solicitado el cuento, se puso en contacto conmigo de inmediato. Le comenté que una persona de toda mi confianza viajaba al día siguiente hacia Guadalajara, pero a su retorno hacia escala en la Ciudad de México, pudiendo perfectamente entregarle el cuento. La persona que se contacto conmigo aprovechó en ese momento la oportunidad para invitarme a participar y leer el cuento en vivo en el programa “¿Qué me cuent@s?”, a través de Coronatv. Sin dudarlo ni un segundo, contesté que “POR SUPUESTO QUE SI”. Lo verdaderamente sorprendente es que esta persona de toda mi confianza, no reside en Honduras. Yo le había dado una copia del cuento en enero y él se la había llevado. Y por los azares de la vida y los gajes del oficio, debía trabajar desde Guadalajara por 20 días. Ambos quedamos atónitos y no dábamos crédito ante la sucesión de hechos que llevaron a un final tan increíble.

Para no cansarlos, en el periodo de 20 días que el cuento debía llegar a Ciudad de Mexico, pasaron un sin fin de hechos, no siempre los más afortunados. Sin embargo, llegó finalmente a su destino una semana antes del programa en vivo. El jueves pasado, me senté ante un auditorio virtual, para un público internacional, a leer mi cuento. Reviviendo la lucha de una mujer que entregó todo por una causa. Reencontrándome con los sentimientos que tuve al escribirlo. El cuento que había olvidado y que, después de haber perdido el concurso, me había decepcionado tanto, estaba siendo escuchado por una audiencia mucho más grande a la que inicialmente le había apuntado cuando participé hace 5 años en el concurso.


Y es que a veces nos cerramos y no queremos otra cosa más que la que habíamos idealizado como perfecta. Pensamos que si algo no pasa como nosotros quisiéramos, ya no vale la pena. Desistimos de persistir de nuestros objetivos porque no suceden exactamente como queríamos. La vida y los logros se tratan de seguir adelante y empujar nuestros sueños y todo aquello que queremos, por muchas decepciones que esto pueda conllevar. A veces, las cosas por si solas pueden caer en su lugar, sin nosotros hacer absolutamente nada para encontrarlas. Otras veces, nos toca trabajar por ellas. Pero siempre acabarán en el lugar donde deben estar, porque absolutamente todo pasa por una razón y todo lo que nosotros buscamos nos está tratando de encontrar.


Llegué a pensar que al perder el premio del concurso en Cuba, al cerrárseme esa puerta que me catapultaría al “estrellato mundial” como una escritora de renombre, moría ahí. Que nadie, aparte de mis más allegados, conocerían del cuento que escribí para una de las figuras más emblemáticas de Honduras en los últimos tiempos. Pensé que por más que tocara puertas, a nadie le interesaría el relato que no logró ganar el premio que buscaba. Sin embargo, aquello que mi corazón tanto añoraba, me encontró y se dio de la manera más espectacular que me pude imaginar. Sé que suena trillado, pero cuando se cierra una puerta, de verdad prepárate para que Dios te abra miles más, mucho más grandes y atractivas.


La vida tiene muchos ires y venires; y de plano, casualidades, no hay. Justo antes del programa, el juicio oral y público por el asesinato de Berta Caceres comenzó. Sentí, que al hablar de su lucha en ese preciso momento, la misma se revivía, trayendo esperanza y justicia. Así como se lo dijo el río a ella, ella me lo decía a mi: “Vamos a ganar esta lucha”.


¡Feliz Viernes! 😊




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