Una Explicación para ustedes


¡Hola! ¡Tenemos días de no vernos por aquí ni leernos por aquí! Aunque nuestro encuentro sea por medio de una pantalla, en un monólogo unilateral de mi parte, para mi estos viernes, siempre son una conversación donde puedo conectar de corazón a corazón con cada uno de ustedes. Por las últimas dos semanas esta conversación ha sido nula e inexistente. Nunca, en tanto tiempo de tener este blog había pasado tanto sin escribir.

El Viernes de Nicole ha sido mi escape, mi diario, mi psicólogo y uno de los proyectos más bonitos que la vida me ha dado. De cierta manera, siento que también, a través de estos viernes, Dios me da la oportunidad de servir. Ofrecerles mis vivencias, mis puntos de vista, mis sentimientos y añoranzas más profundas, y, arrancarles carcajadas con mis ocurrencias es una forma de servicio y de dar amor. Alguien en estos días de silencio me escribió, “tus viernes son como un abrazo. Cuando uno anda todo bajado, leerte me hace sentir menos solo y me siento reconfortado”.

Actualmente mi vida, en TODO sentido, está teniendo cambios trascendentales. He tenido varias circunstancias de vida que me han generado tensión y estrés. Al verme frente a tantas circunstancias, frente a tantas posibilidades a la vez y no tener una respuesta para ninguna, estás generaron en mi una gran ansiedad. Los últimos viernes he tratado de disponerme a escribir y he comenzado, pero nunca he podido avanzar de las primeras líneas. No lograba conectar mi mente ni mi corazón para hacer algo que amo tanto. Sabía que quería escribir, sabía que lo extrañaba, pero ante tantas ideas, dudas y angustias en la mente, mi mano no podía traducir el cúmulo de ideas y sentimientos que habían dentro de mi.

Cuando las personas me preguntaban, “¿Por qué no has escrito el Viernes de Nicole?”; o, “¿Y el viernes de Nicole?”; o, simplemente un “Vos tenes una responsabilidad con tus lectores.” Sabía que lo que decían era cierto, pero no sabía cómo explicar lo que yo estaba sintiendo, esa imposibilidad de escribir. Esa angustia de saber que estaba cometiendo un deservicio a mis lectores y a este proyecto que tanto amo. No importaba la presión y la culpabilidad que sintiera, NADA salía de mi.

Ante tanto en la cabeza, no estaba durmiendo bien; sentía la presión de un elefante de 7 mil kilos sobre mi pecho y sentía que nada iba bien. Entre las cosas que rondaban mi cabeza, la imposibilidad de escribir era una, tal vez no la más importante, pero si, andaba ahí. Generando culpa por no poder escribir. Me cuestioné mil veces si había dejado de ser perseverante en hacer algo que tanto amo; si este desierto de ideas para escribir había llegado para quedarse; si todos estos cambios eran el final de El Viernes de Nicole. Solo de acordarme todo lo que pensé, casi me hiperventilo.

Después de mucha oración, ida al psicólogo, silencios interiores y un magnífico texto recetado, dejé ir esa angustia. Entendí que por más que quisiera, por más que me obligara y presionara, El Viernes de Nicole no iba a salir. No saldría por el simple hecho que no lo estaba haciendo por amor, por disfrute, si no por obligación. Había dejado de ser mi pasión y se había vuelto, una presión. No es que yo me hubiera aburrido o secado, es que simplemente estaba agobiada por tanto. Y mi escape, mi Viernes, sufrió las consecuencias ante tanta situación abrumadora.

Nuestras pasiones son precisamente aquello que nos mueven y nos motivan. Según la RAE son una inclinación o preferencia muy viva hacia algo o hacia alguien. Las pasiones nos llevan a hacer cosas maravillosas, pero todas surgen del deseo del corazón de querer hacerlas bien. Mi pasión, mi inclinación por escribir se había apagado ante el sentimiento de culpabilidad y fracaso de no poder expresar mis sentimientos ni mis ideas.

En la buscada para sanar esa presión del peso de un elefante de 7 mil kilos sentado sobre mi pecho, se me recomendó leer un libro de Walter Riso, titulado “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz”. Y aunque lo he subrayado todo, encontré quizás las virtudes más importantes y liberadora de la vida. No son las que nos enseñaron en la clase de virtudes humanas ni mucho menos con las que hemos crecido. Pero al ver cada una de mis circunstancias a través de ellas, se han vuelto mis favoritas.

Sé que estas son virtudes y valores políticamente incorrecta, pero a mi me ayudaron a desprenderme del sentimiento fracaso y angustia, y me parece importante compartirlos con ustedes.


  1. Tenemos derecho a cometer errores. Nadie está exento. Tener errores, fallar hará de nuestro camino mucho más sabio. La vida se trata de prueba y error.

  2. Tenemos derecho a la lentitud. Debemos actuar según nuestro ritmo interior. No podemos presionarnos a hacer algo cuando física ni mentalmente estamos preparados. Cada quien tiene su tiempo.

  3. El derecho a la pereza y el ocio. Tenemos que tomar descansos inteligentes. Elegidos, no obligados. Desconectarnos para poder conectarnos de nuevo. Descansar de verdad. De las expectativas, del que dirán, de las explicaciones.

  4. El derecho a perder. Tenemos que aprender a comprender qué hay cosas que escapan de nuestro control. No todo va a salir exactamente como nosotros queremos.

Tenemos que aprender que no tenemos que tener siempre todas las respuestas. Debemos dejarnos llevar por los procesos más que por los resultados. Todos pasamos por miedos, cambios, angustias, inseguridades e incomprensiones, pero saber que filtrarlos, manejarlos y que no gobiernan nuestra existencia encenderá rápidamente nuestras pasiones. Dense la oportunidad de comerte errores, de ser lentos, de tener pereza y aprender a peder, la vida les resultará maravillosamente imperfecta y escandalosamente feliz. Si a Gabo le tomó 10 años volver a escribir, ¿por qué voy a sentir pena de faltar unas semanas para volver con toda la pasión del mundo? ¡Estoy de regreso con mi pasión y espero poder ir compartiéndoles más de este increíble recorrido que estoy teniendo! De mis luchas, mis miedos, mis imperfecciones y mis procesos. Siendo escandalosamente feliz. ¡Los quiero! ¡Feliz Viernes! 😊





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