Corta la Cadena


Siempre me han dicho que cuando creo controversia o escribo de temas controvertidos, mis estadísticas en el blog se van a los cielos. Soy mucho más leída y compartida cuando escribo de estos temas. Usualmente no escribo así, no por que no pueda, pero porque creo que el mundo tiene suficiente crítica y negatividad como para seguir metiéndole más cizaña. Este blog trata de traer alegría, luz, gratitud, realidad e ilusión a una sociedad carente de todos estos adjetivos.


Y es basada en estos principios y convicciones que hoy escribo este Viernes de Nicole.


Desde que las redes sociales existen, nuestra vida se ha vuelto una vitrina. Mostramos lo que NOSOTROS queremos que otros vean. Compartimos, en su gran mayoría, nuestra vida con aquellos que nos siguen. Así como podemos tener un círculo pequeño de personas con quienes compartimos estos momentos, podemos tener un amplio espectro de personas que ven nuestras redes. Sin embargo, pequeño o grande el grupo, desde el momento en el que ingresamos a una red social sabemos que lo que sea que subamos es información pública.

Mientras vamos compartiendo nuestra vida cotidiana, nuestros gustos y nuestros “secretos”, se puede ir generando cierto interés en nuestra vida y en lo que compartimos, y es así como nacen los influencers. Estas personas que a través de sus redes sociales tienen la capacidad de mostrarles muchísimas cosas a su audiencia. Realmente son fieles a su nombre, influencian a las personas que los ven a diferentes tipos de cosas, ya sea a comprar ciertos productos; a vestir de cierta manera; comer sano; pensar positivamente; empoderar a su audiencia y todas las cosas que podemos pensar y nombrar.


Parte del éxito de los “Influencers”, según lo que yo puedo apreciar, es la honestidad con la que comparten su vida. Lo hacen de manera desinhibida y a muchos eso nos parece increíble, porque posiblemente hemos pasado por algo similar que jamás compartiríamos en redes y nos reconforta que otras personas también les pase lo mismo que a nosotros y valientemente lo puedan contar. También es lindo ver cosas bonitas, trae más alegría.

Pero esto, cómo puede tener un efecto altamente positivo, puede traer problemas. Ya que no a todo el mundo le puede parecer lo que compartimos o lo que publicamos.


Hace unas semanas, la boda de una influencer hondureña fue objeto de escrutinio de TODO hondureño que tenga una red social. De cierta manera, todos comentamos, vimos y todos nos asombramos. Sin embargo, no solo se quedó en eso. La boda de esta muchacha fue altamente criticada, incluso objeto de “tweets” y comentarios desagradables. Sin conocimiento alguno, ciertos medios de comunicación criticaron el evento. No había alguien que no supiera que era lo que estaba pasando con esa boda o que tuviera una opinión al respecto. Los comentarios siguieron por días. Los comentarios fueron más largos que la boda o cualquier otra noticia trascendental para Honduras.

Yo no conozco a esta Influencer ni a su familia, ni los detalles de su boda, ni mucho menos conozco de sus finanzas ni de sus vidas, pero me parece terrible de la manera en la que la atacaron. Arremetieron contra su evento, contra ella, contra su familia y en contra de lo que sea que encontraron. Los asociaron a temas de corrupción, crimen organizado y miles de cosas más. Olvidándose que detrás de ese perfil, hay una persona que, como ellos, vive y siente. Una persona de carne y hueso como todos.


El hecho de compartir lo que tal vez pueda ser uno de los momentos más felices de su vida, fue objeto de crítica y juzgamiento de todo aquel que vio una foto. ¿Creen que es justo pisotear la vida de alguien solo por lo que se ve en una red social?

Sea lo que sea que haya pasado, es SU vida y tiene derecho a celebrarla y hacer lo que ella así lo disponga con la misma. Cómo dice el dicho, a nadie le gusta ver ojos bonitos en cara ajena.


Al final del día, todos tenemos esa libertad, y no nos gusta ser juzgados cuando la utilizamos, ¿por qué entonces, no la podemos dar a los demás?


Así que yo les invito a que cortemos la cadena. En vez de reenviar y seguir haciendo daño, cortemos la cadena y no mandemos ni reaccionemos esta información nociva que no trae nada bueno (un gran reto para la generación del Instagram). Así pasaremos a ser testigos salvadores y no permitiremos que se siga agregando daño a las personas, producida por la violencia digital. Evitemos propagar y generar los contenidos no “humanos” a los que todos estamos expuestos.


Cortemos el ciclo y aprendamos a respetar la libertad y la autonomía de las demás personas. No tenemos que estar de acuerdo con lo que hagan, pero tenemos la responsabilidad de respetarlo. Cortemos la cadena de lo nocivo. ¡Frenemos la reproducción de contenido que no traerá nada positivo!


Ser buena persona cuesta nada. Vivamos nuestra vida, compartámosla y tratemos de dejar algo positivo en las personas que nos ven.


¡Feliz Viernes! 😊


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