Siente el Click


Es común escuchar que las primeras impresiones siempre son las que cuentan. Cuando nos entrevistan para un trabajo, nos preparamos de la mejor manera. O, si vamos a conocer a los suegros por primera vez, estamos en nuestro mejor comportamiento. Siempre tratamos de mostrar en esos primeros encuentros lo mejor de nosotros. A pesar de que algunas primeras veces no salgan bien y digan que no se puede juzgar a un libro por su cubierta, a mi me parece que esas primeras impresiones se quedan con uno para siempre. La vida nos demostrará de una manera u otra, si acertamos o nos equivocamos con las impresiones que nos llevamos. A veces es una agradable sorpresa, a veces, tal vez no tanto.


Hace poco sostuve una conversación acerca de las impresiones que nos llevamos de las personas. Yo contaba que cuando conocí al futuro esposo de una buenísima amiga, desde el día 1, yo sabía que era el hombre para ella. No tenía dudas. Sabía que se harían felices mutuamente y que llevarían una vida maravillosa. Me sentí feliz que mi amiga hubiese encontrado una persona tan maravillosa para compartir su vida. Mi encuentro con él, la primera vez que nos conocimos, fue breve, de media hora más o menos y yo desde ese momento sentí en mi panza ese sentimiento de “click”, alegría y satisfacción de saber que mi amiga había encontrado su pareja perfecta. 5 años después, acompañados de múltiples encuentros y parrandas sigo viendo que él es la persona perfecta para mi amiga y que mi instinto no se equivocó. Mi amiga, previo a tener este novio, que es hoy su esposo, había tenido otro novio. Y nunca me cayó mal, pero nunca tuve ese sentimiento de click. No me inspiraba confianza y había un “algo” en él, que no me terminaba de convencer. Compartí con él mucho más que con su actual esposo, pero su primera impresión nunca me cuadró. Evidentemente, terminaron.


Mientras sostenía esta apasionada disertación acerca de ese “sentimiento de click”, de cómo nos creamos esa imagen de las personas con un primer encuentro, se me hizo una pregunta que casi desbarata mi brillante lógica de las impresiones de las personas. En vista de que como seres humanos que somos, y por muy positivos que seamos, a veces conocemos a alguien y tenemos ese sentimiento que la verdad no podemos explicar, ya sea de agrado o desagrado. La pregunta que se me hizo fue: “¿Vos crees que sean más las veces que acertamos en estos sentimientos o sean más las veces que nos equivocamos?”


Me quedé pensando por un momento sin saber verdaderamente qué contestar. Porque, si bien es cierto, usualmente un primer encuentro con una persona nos puede puede revelar cosas positivas, también existe esa posibilidad de equivocarse, que la persona solo sea tímida o esté teniendo un mal día, o miles de millones de cosas que nos pasan a los seres humanos diariamente. Y aunque recordé la frase de no juzgar a un libro por su cubierta, llegué a la conclusión que nuestro primer instinto nos dice muchísimo y que las primeras impresiones se quedan con nosotros mucho tiempo después de haber interactuado cara a cara con el sujeto en cuestión.


Los seres humanos somos bastante buenos en los breves análisis en los que perfilamos las primeras impresiones, porque al final del día recaemos en nuestros instintos básicos. En eso que traemos dentro de nosotros y no sabemos muy bien cómo explicar. Hacemos puntos de relación y conectamos con nuestras experiencias y sabemos si la persona nos parece confiable, divertida, u objetiva, de manera inconsciente. Hacemos apreciaciones mucho más allá de la información que tenemos con el simple hecho de sentirlo. Los estudios demuestran que no ocupamos 30 segundos para saber si hay “click” o no, es objetivamente una milésima de segundo lo que se necesita para que nos formemos esa apreciación.


Me cuesta mucho tener una mala primera impresión de las personas y creo que siempre deben haber múltiples oportunidades, y muchas veces nos lleváramos sorpresas agradables con las personas. Pero creo que sin importar qué, las primeras impresiones, esos sentimientos de click, esos instintos, también nos catapultan y marcan un camino en las interacciones de las personas.


Creo que nuestro instinto siempre sabe y siente lo que a nuestra cabeza ni se le ha ocurrido; así que debemos confiar en él. Creo que las energías nunca mienten y esa química y esa vibra que sentimos con las personas rara vez se equivoca; y aunque se equivoque es mejor pedir perdón que pedir permiso.


¡Feliz Viernes! 😊



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