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Mama…

 

Las últimas dos semanas he escrito diferentes “Viernes de Nicole” sin llegar a publicar ninguno. Siempre pasa algo y no puedo concluirlos. Uno hablaba de que quién inventó la terrible frase “no se llora sobre la leche derramada” nunca dio lactancia exclusiva. Y el otro, acerca de la creación de momentos imperecederos en la memoria de los niños. Sin embargo, aunque son temas que me encantan, hoy quiero hablarles sobre un tema más importante, complejo y mil veces más interesante: mi mamá. 


La verdad, si soy sincera, no tenía una idea como sería como mamá. Nunca tuve esa imagen mía acerca de los pasos que seguiría. Me estoy estrenando en esto, la verdad. Tampoco siento que tengo muy definido como soy como mamá ni como seré en un futuro. Lo que sí tengo claro, es el respeto inmenso que tengo ahora por mi mamá. La verdad, es que no me explico cómo lo hizo y como lo sigue haciendo. 


Entre muchas cosas, me puse a pensar en el extraordinario papel que ha hecho mi mamá a través de los años. No solo es profesional a tiempo completo, pero se ha preocupado cada segundo de la vida por mis hermanos y por mi. Que fuéramos a todas las actividades extra curriculares del universo; que hiciéramos las tareas; que fuéramos limpios y educados siempre. Garantizando que todas las puertas se abrieran.  Hoy por hoy, si nos ve haciendo algo que no, las regañadas jamás pasarán de moda y como mínimo, nos podemos llevar un buen coscorrón. 


Siempre he tenido un amor enorme por mi mamá, pero debo de ser sincera, MUCHAS veces me costaba entender su forma de pensar y actuar. Más de mil veces no aprecié su corrección ni sus prohibiciones. Me parecía tan compleja y tan poco entendible y eso causaba miles de choques entre nosotras. Ufff, quisiera decir que las agarradas del pelo con mi mamá duraron hasta la edad del burro, entre los 15 a los 18 años, pero lastimosamente no fue así. Los agarrones duraron así como por la pandemia. Y ahora que lo pienso, en esos agarrones, la razón la tenía ella (por amargas que me sepan esas palabras). 


Por temas de mi salud, la semana pasada, mi mamá se dedicó en alma, vida y corazón a Julián y a mí (más a Julián). No dejó de atender su trabajo, no dejó de hacer ninguna de las cosas que tenía que hacer. Estaba a tiempo completo con nosotros, pero estaba también pendiente de mi papá, de mis hermanos, de su casa y su trabajo. Cuidó con amor y esmero a Julián mientras yo me realizaba exámenes. 


Entre más tiempo paso con Julián, entre más me enamoro de él, más comprendo a mi mamá. Entiendo ahora el miedo razonable de no ser una buena mamá. Veo el trabajo que mi mamá ha hecho en sus tres hijos y como les digo, es admirable. Cada día valoro cada uno de regaños, de su entraga, de sus renuncias. Y me siento hasta culpable y apenada por no hacerle caso a la primera.


Sé que no es el día de la madre, ni el mes de la madre, pero si quería mandar un mensaje de gratitud a todas las mamás. Las que dan todo por construir una vida y un mundo mágico para los que aman. Esas que muchas veces renuncian a sueños propios por anteponer los sueños de los suyos. Las que sin importar como se sienten, están ahí para hacernos reír.  Esas que con cada regaño forjan a un ser humano útil para la sociedad. Gracias, de verdad, porque sin ustedes la sociedad sería todo menos funcional. 


A veces cuesta comprender a nuestras mamás, pero en el momento en que nos convertimos en mamás, nos cae el veinte. Todo lo que ellas hacen, todo lo que nos dicen (por duro que sea) viene del amor. Así que aprecien a su mamá. Agradezcan cada día por todo lo que hizo, hace y seguirá haciendo. Abrácenla. Diganle que la aman y que en serio no sabrían que sería su vida sin ellas, porque de verdad, ¿qué sería?


Como les dije, todavía estoy descubriendo qué tipo de mamá seré, pero sé que si soy la mitad de mamá que la mía fue conmigo para Julián, será una ganancia. Gracias mamá por tu amor, por tu apoyo y por todo lo que haces por nosotros. Te amo. 

¡Feliz Viernes! 😊



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