El amor que das
- Nicole Vaquero

- 2 ene
- 3 Min. de lectura
Hoy es el primer viernes del 2026.
Aunque estoy cansada, no puedo empezar este año sin escribir. Esto es como las cabañuelas: si empezás el año sin escribir, así se te va el año entero. Y yo me rehúso a dejar de lado algo que amo tanto, ya sea por pereza, por voces ajenas o por simplemente estar “muy ocupada”.
Como te conté la semana pasada, el lunes llegué a la maravillosa edad de 37 años. Y así como también te conté, estoy profundamente agradecida con la vida y con Dios por todo lo que he recibido: tengo salud, una familia maravillosa, un hijo que me llena de alegrías infinitas y miles de razones para sonreír.
En estos días de desconexión hablaba con mi hermano sobre cuánto han cambiado mis cumpleaños. Recordábamos que la última vez que fue un verdadero fiestón —de esos en los que todos nos pusimos un “poquito más” alegres de lo normal— fue en San Miguel de Allende, en 2019, justo antes de que el mundo se cerrara por el COVID. Desde esos memorables 31 años, la vida ha cambiado muchísimo.
Recuerdo la emoción que me causaba cumplir años. Para mí, ni siquiera el Año Nuevo se sentía tan importante como ese día. Era la oportunidad que Dios me regalaba otra vez para ser mejor persona, para vivir con más intención, para subir un nuevo peldaño. Ese era el verdadero motivo de celebración.
Desde que nació Julián, ese día pasó a ocupar otro lugar en mi corazón. Su cumpleaños es ahora el más importante. Me genera una emoción difícil de explicar. Planear su piñata, ver reunidas a todas las personas que lo aman, me llena el alma. Me recuerda un poco a aquel cumpleaños en San Miguel de Allende… solo que ahora con personajes de la Granja de Zenón y muchísimo menos tequila.
Aunque mis sentimientos hacia mi propio cumpleaños han cambiado, la gratitud sigue intacta. Agradezco cada nuevo año, cada oportunidad que Dios me regala y también los retos que la vida pone en el camino.
Cuando empecé a leer los mensajes que recibí, me sentí profundamente conmovida. Todos traían deseos hermosos para este nuevo año; algunos, anécdotas divertidas. Pero varias personas —tan distintas entre sí— coincidieron en una frase que me tocó el corazón. Personas muy presentes en mi vida, otras que apenas me conocen por redes sociales, y algunas que aparecen de forma intermitente, repetían lo mismo:
“Que siempre recibás todo el amor que vos das.”
Fueron muchísimas las personas que me lo dijeron, ya fuera por mensaje o incluso por llamada. Se convirtió, después del “feliz cumpleaños”, en la frase más recurrente. Y al leerla una y otra vez, sentí una felicidad profunda, porque entendí algo importante: eso quiere decir que, de alguna manera, estoy haciendo algo bien.
Muchas veces vamos por la vida dando todo lo que somos. Como me dijo alguien a quien admiré mucho hace tiempo:
“Nicole, es que vos tirás toda la carne al asador de una sola vez.”
Y es verdad. Pero el amor no conoce de porciones ni de medias tintas. O amás tu vida, tu familia, a tu prójimo, incluso a tus problemas y tus bendiciones, con todo tu ser… o no estás en nada. Llenar de amor, seguridad, gracia y alegría a quienes conocés es dar lo mejor que tenés.
Que otras personas puedan ver eso reflejado en mí es una señal de que voy por buen camino. Muchas veces he sentido que hago las cosas mal, que me equivoco, que no avanzo como debería. Pero mensajes así, de personas que se han detenido a observar y a valorar el amor que doy, me recuerdan que —a mi manera— estoy ganando en la vida.
Aunque ya no viva mis cumpleaños con aquella emoción desmedida de antes —cuando desde el 1 de diciembre ya sabía qué íbamos a hacer, había buscado un lugar icónico como Machu Picchu, el Café Tortoni, las calles de São Paulo o el espectáculo que es Cholula—, y aunque por momentos no hacer eso pueda sentirse como perder un poco el brillo o algo de lo que me hacía tan yo, hoy entiendo algo distinto.
Vas ganando en la vida cuando das amor a cada persona, a cada situación y a la forma en la que elegís ver el mundo.
Que este año puedas dar todo el amor que tenés.
Que las personas a tu alrededor se sientan vistas, amadas y apreciadas por vos.
Y aunque no siempre recibás el amor que das —ni en la misma medida ni en el mismo momento—, recordá que eso no es tu responsabilidad.
La tuya es solo amar.
¡Feliz viernes! 🤍




Comentarios