Como un Granito de Mostaza


Mis queridos lectores, después de ser novia y tomarme unos días para desconectarme y descansar, estoy de vuelta. Bueno, estoy de vuelta físicamente, porque mi cabeza sigue en el mar de Cozumel.


El 21 de mayo del 2022 a las 5:30 de la tarde, debajo de un enorme árbol, contraje matrimonio civil. Ese día, antes de la ceremonia, fue un día bien ajetreado. Teníamos pronóstico de 70% de lluvia, todo el mundo decía que iba a llover; y yo, tenía fe, como el granito de mostaza. Juraba y perjuraba que no caería nada de agua pues la ceremonia y la recepción eran totalmente al aire libre. No habían toldos ni techitos, TODO lo que cubría era el Árbol de la Alegría.


Mi mamá, en horas de la mañana, me sugirió que fuéramos, con mi ahora esposo, a tomar una decisión: si creíamos en nuestro plan soñado de casarnos al aire libre, o si pasábamos el evento a un salón techado. En conjunto tomamos la decisión de arriesgarnos y creer en lo que habíamos soñado. Teníamos un sólido plan B, por si el A fallaba. Obviamente no era ni un tercio de hermoso como el original, pero solventaría el problema de la lluvia.

Durante el transcurso de la semana, previo al día de la boda, trate de pelear el pronóstico con actos de fe. Repartí huevos a los necesitados, hice novenas para todos los casos, ayuno y finalmente, enterré cuchillos por todas partes. ¿Cuántas veces el pronóstico del tiempo falla? Y la respuesta en San Pedro Sula es MILES. A veces dice qué hay lluvia al 100% en ese momento y estamos en un calor de 45 grados con un sol que mata y ni una nube en el cielo. Así que en mi cabeza tenía dudas razonables para creer que no llovería. Le preguntamos a un piloto, a Copeco y aunque hablaban de la posibilidad, siempre dijeron que eran “lluvias diferidas” y que podía no llover en esa zona.


El día no podía estar más perfecto. Parecía día de Semana Santa. Había sol y había brisa. En la mañana, después de asistir a la eucaristía dedicada a la Virgen Maria, escuché una meditación. La meditación estaba dedicada a la aparición de Virgen de Guadalupe. Siendo devota de la misma, tomé las palabras como si eran EXCLUSIVAMENTE para mi y no para los 50 millones de escuchas del programa. La meditación narraba el encuentro de Nuestra Señora con San Juan Diego y lo que ella le dice cuando le cuenta que va apurado y afligido porque su tío está enfermo y va a morir: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?


De inmediato, dejé las dudas y el miedo. Confié en esas palabras. Las palabras de esa madre celestial que me han acompañado por tanto tiempo. Y confié en que no caería ni una gota de agua. Tomé eso como si fuera directo para mi. Que siguiera adelante con el evento al aire libre.


Pues a las 5 de la tarde seguía sin llover. Pudimos realizar la ceremonia al aire libre, tal y como fue planeada. Logramos tomarnos las fotos y saludar a la gente, antes de que literalmente se cayera el cielo. Llovió, y no lluvias diferidas, si no que un tormentón. Se pasó a los invitados al salón, dejando todo lo hermoso a las inclemencias del clima.


En estos días, me he preguntado: ¿Qué falló? ¿Fue mi fe o mi falta de realidad? ¿Fue necedad o de verdad confiaba con todo mi ser?


Las preguntas surgieron no por el agua que cayó, si no porque se me dijo que no podía basarme solo en la fe. Que no podía ser positiva todo el tiempo, que tenía que ser realista. Y muchas veces en el transcurso de la vida, se me ha recalcado mí inhabilidad o negación de querer ver las situaciones difíciles, malas o a veces, solo reales. Mi manera de ver la vida, a veces es ignorar las dificultades o saltármelas. Y si, me he llevado unos macanazos terribles, pero terminan siendo lecciones. Siempre algo bueno queda.


Pero por primera vez, durante las dos ultimas semanas, me he preguntado si mi manera de ver la vida es la equivocada. Si debo ser más realista y menos soñadora. ¿Si hay un 80% de probabilidades de que algo salga mal, puedo seguir teniendo 1000% de fe? Y para dolor de muchos que van a leer esto, seguiré teniendo fe en lo imposible siempre.


No puedo imaginar mi vida llena de dosis de realidades duras. Los que viven así, los felicito y los respeto. Pero no podemos pretender que todos seamos iguales. Así como hay personas completamente centradas en la realidad donde nunca esperan que algo mágico ocurra; así estamos los que en cada situación difícil, esperamos que lo inimaginable llegue a pasar. El mundo necesita de ambos tipos de personas. Los que nos llenan de realidades ciertas y los que refutamos las mismas con fe y espernza. La vida misma necesita de ese balance.


La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Y el creer a ciegas, para mi, aunque lleve tortazos, macanazos y miles de lecciones, es la mejor manera de vivir. Hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad. Respeto y admiro a los radicados en la realidad, pero así como gente como yo necesita de ellos, ellos necesitan de nosotros.


Para mi el 21 de Mayo de 2022 fue perfecto. Ahí estuvo mi Madre Celestial, nos permitió casarnos y tomar las fotos para el recuerdo bajo ese milagroso árbol. El haber pasado la recepción para el otro lado, solo trajo alegría y unidad entre los invitados. Así que con todo y realistas en contra, seguiré teniendo fe como un granito de mostaza para siempre.

¡Feliz Viernes! 😊




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