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No Perdas tu Muchosidad

Desde que tengo memoria, AMO celebrar el Día del Amor y la Amistad.


Siempre ha sido un día luminoso en mi vida. Mi papá tenía un detalle para cada uno de nosotros. En el colegio todo se vestía de rojo, rosado y blanco. Llegaban los brownies más espectaculares del universo — en mis recuerdos no han existido otros mejores — y las mamás de la asociación repartían paletas Frosty. Mis papás nos incluían en sus planes de cena. Tuviera novio o no, ese día era motivo de alegría.


No es exageración: para mí el 14 de febrero huele distinto. El cielo es más azul. La vida se siente más linda.

Y de lo que no me cabe duda, es que esa percepción existe simplemente porque me encanta amar.


Hace algunas semanas pensaba que, para mí, una de las formas más auténticas de amar es celebrar la existencia de quienes amo. Celebrarlos porque sí. Celebrarlos porque están. Celebrarlos porque respiran en mi vida.


En los últimos meses han habido tantas fechas importantes de personas que adoro, que no he podido pasar ninguna por alto. Porque si algo tengo claro es que amar, para mí, es hacerte sentir especial. Es tirar la casa por la ventana con detalles. Es incluirte en mis oraciones. Es organizar, gestionar, sorprender, facilitar. Es pensar en vos cuando veo algo que sé que te haría feliz.


Ese es mi lenguaje del amor.


Y no, no necesito que sea un cumpleaños, un aniversario o una fecha conmemorativa. Para mí la existencia se celebra todos los días. A veces con algo pequeño: una foto, un mensaje, un regalo inesperado, una cena improvisada, una oración silenciosa.


Para mí, tener un detalle es reconocer el impacto que tenés en mi vida. Es decir: “Tu presencia hace mi mundo mejor”.


Pero también he aprendido algo incómodo.


No todos saben recibir.

No todos reaccionan como uno imagina.

No todos son igual de expresivos.


A veces las personas se sienten abrumadas. A veces parece que tus gestos pasan desapercibidos. A veces pareciera que entregas “demasiado”.


Y sí, duele un poco.


Duele sentir que aquello que para vos es gigante, para otros es pequeño. Duele preguntarte si estás siendo “mucho”.


Pero aquí va lo que necesito decirte — y decirme — con todo el corazón:


NUNCA sos demasiado.


Uno no puede ir por la vida perdiendo la “muchosidad”, como diría el Sombrerero Loco. Ser mucho no es un defecto. Ser intensa, detallista, expresiva, celebradora, oradora, gestora del amor… no es un problema.


Es un regalo.


Tu muchosidad es lo que ilumina los salones donde entras.

Es lo que organiza las sorpresas.

Es lo que llena los cumpleaños de magia.

Es lo que hace que alguien, aunque no lo diga, se sienta visto.


Ser “extra” nunca va a ser algo malo cuando viene del amor.


Y sí, a veces vas a tener que recordarte que la falta de reacción no invalida tu intención. Que el silencio no cancela tu entrega. Que la tibieza ajena no define la calidez de tu corazón.


Vos seguí celebrando.

Seguí dando.

Seguí amando como solo vos sabés hacerlo.

Sea reconocido o no.


Porque al final del día, estamos aquí para amar lo más que podamos. Y el mundo no necesita menos amor. Necesita más personas que no le tengan miedo a su muchosidad.


Y si mañana es San Valentín, que no sea solo para las parejas.

Que sea para celebrar la existencia.

La de quienes amas.

La tuya.


No perdas tu muchosidad.


¡Feliz Viernes! 💖😊



 
 
 

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¡Gracias por suscribirse a este proyecto de amor y luz! Espero que disfruten cada viernes de estos artículos en los cuales dejo parte de mi alma en ellos. Llamaron alma a lo que no pudieron explicar del cuerpo y llamaron Viernes de Nicole a lo que no pudieron explicar del alma. ¡Disfruten!

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