En uno, todo el universo
- Nicole Vaquero

- hace 32 minutos
- 2 min de lectura
Pensaba que agosto pasaría y no encontraría forma de cerrar este mes que llena mi corazón de tantos sentimientos. ¡Julián cumplió 3! No puedo creer que el tiempo se haya ido tan rápido. La verdad es que nadie te prepara para lo rápido que pasa el tiempo. Que los brotes de crecimiento y las crisis pasan. Que la lactancia exclusiva que parece esclavitud, se va más rápido de lo que podés decir “extracción”. Nadie te prepara para lo rápido que cambia el olor a bebé. En un momento huelen a nuevo y ahora… pues no sé precisamente a qué huele, pero ya no es a bebé.
Pasás de llantos y noches interminables a conversaciones fluidas de dragones y preguntas existenciales como: “Mamá, ¿por qué puso Jesús esos árboles ahí?”. De miradas sostenidas e indescifrables a unos “te amo” claros y sonoros. Nadie te prepara para lo rápido que pasa aquello que parecía eterno.
Creo que eso es lo que más me ha pegado y más me ha movido todo este último mes. Lo rápido que se ha ido todo. Lo corto que es el tiempo. Que las etapas vuelan. Que es la única oportunidad que tendré de oler a alguien tan delicioso; que es la única oportunidad que tendré de sentir el corazón repleto cuando escucho ese “mami, te amo”. Que, si bien todas las etapas llegan con algo maravilloso como Paw Patrol, Spider-Man, los dragones, dinosaurios (etapa que estoy amando actualmente), así como llegan de rápido, se irán.
Sé que llegarán nuevas etapas, igual de maravillosas, pero a mi corazón le cuesta digerir que todo pasa y que pasa tan rápido.
Pero también debo decir que, en estos tres años, en este proceso caóticamente hermoso, no puedo dejar de ver la mano de Dios en todo. No puedo dejar de dar gracias. No puedo dejar de admirar el maravilloso milagro que tengo la oportunidad de presenciar y vivir a diario. No puedo dejar de reconocer la maravillosa oportunidad que tengo de vivir esto.
Formar a un ser humano dejándole saber lo deseado y esperado que fue. Que crezca sabiendo que en mi corazón nunca existiría el “¿y solo uno?”, porque es el único que cambió mi vida. Dejarle saber a ese ser que llegó a llenar nuestra vida y nuestro hogar con un amor que no sabíamos que existía. Espero enseñarle que ser hijo único no define ni la infancia ni la vida; las definen el amor que recibe, la gente que lo rodea y los momentos que uno crea en familia.
Gracias por hacer de nuestra familia exactamente lo que siempre estuvo destinada a ser. Por ser la pieza central de nuestro rompecabezas. Espero hacerle saber que ha llenado mi vida de momentos únicos, de primeras y únicas veces que jamás podré olvidar.
Le doy gracias a Dios por haberme dado, en uno, todo el universo. Y aunque a veces me duela un poco el corazón saber que solo tengo esta única oportunidad, también sé que, si lo hago bien, una vez, será más que suficiente.
¡Feliz viernes! 🥰




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