Lunes de Nuevo
- Nicole Vaquero

- hace 1 minuto
- 3 min de lectura
Escribir es una de las cosas que más me gusta hacer. Definitivamente, también es una de las que menos hago últimamente.
No importa cuánto me concentre, cuánto piense que ahora sí me voy a organizar o cuántas ideas nuevas se me ocurran para revitalizar este espacio, que siempre he sentido que es un pequeño oasis para más de una persona.
Porque es fácil relacionarte con alguien que está pasando por algo similar a vos. Tal vez los enfoques no siempre sean los que vos tomarías, pero leer a alguien más abre un espacio para pensar diferente. Y siempre pensé que este lugar también podía servir para eso: para motivarnos a encontrar, aunque fuera por un ratito, el lado positivo de las cosas.
Pero, como he dicho en miles de estos escritos, es imposible hablar de algo si vos no estás ahí.
Siempre he pensado que uno nunca debe de idealizar el pasado, ni preguntarle a Dios: “¿Por qué, Señor, me está pasando esto?”. Porque Dios nos pule como el alfarero. A veces nos prende el fuego a todo volumen y aquello que alguna vez pensamos que era difícil o insoportable termina pareciendo irrelevante frente a lo que estamos viviendo hoy.
Así que últimamente solo pienso:
“Dios mío, solo es un comentario. No era un reto”.
No sé si son los lunes o algunos días en particular,pero cómo cuesta ver el vaso lleno.
Cómo cuesta detenerte y darte cuenta de que tu vida tiene miles de millones de cosas maravillosas. Que solo porque un aspecto esté tambaleándose, sacándote canas, gastritis y unas cuantas cosas más, no significa que tenga derecho a definir toda tu vida como una mala vida.
Porque no lo es.
Hace poco alguien me dijo algo que me sacudió: nuestra realidad nunca se reduce a una sola circunstancia, a un solo espacio ni a una sola etapa.
Nuestra realidad también es nuestra casa, nuestra familia, nuestros amigos, las personas que nos quieren, las personas que nos esperan y todos esos lugares donde podemos ser nosotros mismos.
A veces hay una parte de la vida que hace muchísimo ruido. Que consume energía, que preocupa, que cansa y que, por momentos, parece ocuparlo todo.
Pero no lo es.
Y cuando una parte amenaza con hacernos olvidar lo demás, toca volver a ver alrededor.
Porque el todo está hecho de amor, de salud, de hogar, de abrazos, de risas, de personas que nos conocen de verdad y aun así deciden quedarse. Está hecho de esas pequeñas cosas que, cuando estamos demasiado pendientes de lo que va mal, se nos olvida mirar.
Una circunstancia puede ser parte de nuestra realidad, pero nunca será toda nuestra realidad.
Y el todo vale mucho más.
Hoy es lunes y es fácil desmotivarse porque el fin de semana se acabó. Pero qué rico es recordar que, al abrir los ojos, hay salud. Hay un techo. Una casa segura. Una familia hermosa. Un hogar saludable y feliz.
Y que, sin importar lo que esté ocurriendo en otros aspectos, estamos rodeados de amor por donde veamos.
Hoy, en el silencio de la mañana, vi el cielo y lo único que pude decir fue:
“¡GRACIAS!”
Sé que el lunes trae muchas cosas. Preocupaciones, pendientes, responsabilidades y probablemente alguno que otro motivo para querer que vuelva a ser viernes.
Pero ninguna de esas cosas puede disminuir, tumbar ni atenuar las bendiciones que hacen que nuestra vida, aun en medio de los días difíciles, siga siendo maravillosa.
Definitivamente, hoy no es viernes.
Pero tal vez vale la pena comenzar la semana recordando algo:
La cantidad de cosas buenas que hay en nuestra vida muchas veces depende de nuestra capacidad de detenernos a notarlas.
¡Feliz inicio de semana!




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