La Amistades Cambian


Desde muy pequeña yo amé los poemas. Me encanta leerlos y memorizarlos para luego poder recitarlos frente a mis compañeros y mis seres amados. Era una especie de reto personal. Entre más poemas me aprendiera, entre más largos y complejos fueran, mejor sería. Hoy sigo amando los poemas, pero ya no declamo.

Uno de los poemas que me impactó cuando lo leí por primera vez fue Verdades Amargas por el poeta hondureño Ramón Ortega. Es un poema muy duro y en aquel entonces mi pequeña mente y mi escaso conocimiento tal vez no lograban entender la magnitud de sus palabras, pero si lograba entender que eran frases dolorosas, reales y plagadas de sentimientos.

En sus versos inaugurales, el poeta tiene la virtud de desbaratar cualquier ilusión u ápice de sueño: “Yo no quiero mirar lo que he mirado a través del cristal de la experiencia. El mundo es un mercado, donde se compran honores, voluntades y conciencias. ¿Amigos…? Es mentira no hay amigos, ¡No hay amigos! ¡La verdadera amistad es ilusión! Ella cambia y desaparece con los giros que da la situación.”


Obviamente, desde el título del poema, uno sabe que no se nos va a endulzar la vida, ni que vamos a encontrar princesas soñadoras con caballos voladores; pero iniciar con que la amistad verdadera no existe y es una ilusión, para mi es de las cosas más duras que pueden existir.

Les he contado que la amistad nunca han sido mi fuerte. Casi nunca me he llevado bien con mis semejantes. En la escuela, de la manera más dura, me di cuenta que la amistad podría ser cruel y que cambiaba y desaparecía según los giros que daba la situación. De hecho, con mi “grupito intimo” de amigas de la escuela ni siquiera nos hablamos. Y aunque por algún momento me dolió y fue duro asimilarlo, las palabras de “Verdades Amargas” no sonaban tan mal. Pero yo soy de esas soñadoras que se les olvida bien rapido las lecciones que les da la vida, y vuelvo a caer.

Aprendí con el tiempo y los mallugones que te da la vida, que la amistad llega con la madurez. Las amistades son mucho más sanas, reales y duraderas a medida nos vamos reconociendo a nosotros mismos y conocemos a las personas con las que creemos podremos tener un vínculo amistoso inquebrantable. Esas personas que vibran y hacen de nuestros días mejores. Buscamos y atraemos personas que nos enseñen, apoyen y, aunque conozcan cada parte oscura de nosotros, se puedan quedar, no se corren ni te corren. Nos aman y aprecian de la manera que somos.

Siempre hay sus fallas con este tema de la amistad. Podemos tener toda la experiencia de vida y pensar que tenemos aquellas amistades entrañables e imperecederas, pero algo en ellos o en nosotros cambia y tristemente nos damos cuenta que una amistad verdadera y genuina no existió. Nos damos cuenta que así como el café se enfría, el cigarro se apaga y el tiempo pasa, también las personas cambian. Y nos puede doler y no gustar, pero no necesariamente esto sea malo. El cambio, aunque difícil, siempre es necesario y siempre traerá algo mejor.

La amistad verdadera no es fácil a ninguna edad. Todos vamos cambiando. Todos vamos mutando. Cambiamos de gustos, maneras de pensar y de sentir. Al final todos tenemos derecho a cambiar. Pero finalmente aprendemos lo que la amistad verdadera es. Encontramos a alguien que nos ame, que ame nuestras imperfecciones, nuestras equivocaciones, locuras y traumas. Aman aquello que nos hace diferentes y no tratan de cambiarnos. Celebran nuestras alegrías y victorias como propias, aunque muchas veces no las comprendan. Eso hace un verdadero amigo.

El segundo viernes de febrero, va dedicado a la amistad. A que, a pesar que hay verdades amargas y, a veces, son duras de tragar, la amistad verdadera si existe. A mi me costó mucho encontrar amigas, de hecho, no tengo muchas, pero las que tengo valen oro. Sé que la vida me irá enseñando cada día más acerca de la amistad.

¡Feliz Viernes! 😊




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