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Señora Coágulo


En solo 5 días estaremos por empezar la Cuaresma. Si tienen mucho leyéndome, sabrán que la Cuaresma es de mis épocas favoritas. No es una época particularmente fácil, pero siento que después de los retos llega la bendición. Es en esta época donde nuestra fe se acrecienta porque sabemos que al final del camino está el Resucitado. 

Se estarán preguntando qué tiene que ver el título de este blog con la llegada de la Cuaresma (créanme, a mi también me ha costado tratar de hilarlo). 


Hace 5 meses nació mi bello y espectacular Julián. Después de mi cesárea hubo una complicación dentro de mí que ocasionó des-saturación. Al hacerme una serie de laboratorios y exámenes, se determinó que la causa de la des-saturación era un coágulo. Por el primer mes después del susto suponíamos, tanto los doctores como yo, que el coágulo había sido causado por la misma operación y el embarazo. Sin embargo, al tener que hacerme tantos exámenes descubrimos que la causa era una enfermedad genética en mi sangre llamada trombofilia: algo que siempre estuvo ahí, pero que un proceso como el embarazo y la cesárea despertaron. 


De ese día para acá, he pasado por muchos doctores, todos diagnosticando lo mismo y recetando un anticoagulante de por vida. Eso, como entenderán, no viene solo. Trae efectos secundarios como: mareos permanentes, moretes, sangrados de nariz y dolores de cabeza. Pero más que los síntomas físicos, los emocionales son tal vez los que pasan más factura. El sentir miedo, incertidumbre e inseguridad, han venido de la mano con este diagnóstico. A veces por muy positiva que trate de ser y siga todas las “reglas” que me han dado para mi nueva realidad, simplemente no es suficiente, y con vergüenza puedo decir que sucumbo ante ese miedo.


Hace unos días pensaba en qué ofrecería en esta cuaresma. Pensaba en mi ayunos y en qué haría para fortalecer más mi fe. Siempre he entregado cosas de mi vida diaria que, aunque son sencillas, he llegado a entender que fortalecen la vida cristiana. Dejar el pan, el chocolate, no tomar alcohol o refrescos siempre son confiables. Pero luego pensé, “Dios me está dejando vivir una circunstancia de vida muy diferente en esta cuaresma. Es algo que no entiendo, no comprendo y me desagrada por completo. He tenido mucho miedo y he vivido en angustia. ¿Por qué no acreciento mi fe en esta Cuaresma y entrego todo ese miedo, toda esa duda y todo eso que crea en mí tanto desagrado?”


El entregar algo que nos causa miedo, incertidumbre y estrés, siempre es de las cosas más difíciles. Está dentro de nuestra naturaleza preocuparnos y ver escenarios terroríficos en nuestra mente. Sin embargo, he aprendido que la preocupación no lleva a nada productivo. Que soltar y entregar eso que nos preocupa y nos aqueja es lo único que podemos hacer para superar el miedo. La frase “No tengas miedo” se repite 365 veces en la Biblia, y para mí es la mejor motivación para iniciar esta cuaresma. 


Así que decido ofrecer mi miedo y mi incertidumbre en mi cuaresma. Decido confiar que esta circunstancia me transformará de una alguna manera que, por el momento, no puedo ver. La Cuaresma tiene 3 elementos imprescindibles: el ayuno, la oración y la limosna. Así que decido ayunar del miedo, a poner en oración mi sanación, y, dar mi positivismo a las personas para que, en sus problemas y angustias, puedan encontrar ese resquicio de luz.


La vida no sería nada sin un poco de humor. Así que por eso mi doctor me ha denominado la “Señora Coágulo” y eso me ha causado más risas que miedos. No se puede vivir con miedo. Les propongo entregar todo eso que les quita el sueño, aquello que los angustia, en manos de Dios; y, aunque no lo veamos ahorita, la recompensa por nuestra fe será gigante. 

¡Feliz Viernes! 😊




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