Un Giro Inesperado
- Nicole Vaquero

- hace 6 días
- 2 Min. de lectura
Hace 23 años, la vida de mi familia —los Vaquero Blanco— cambió por completo. Y cambió de la forma más inesperada, de esas que solo Dios puede planear sin pedir permiso: llegó un bebé.
Mis papás juraban que ya habían cerrado la fábrica, y tanto Fernando como yo pensábamos que seríamos solo nosotros dos para siempre. Si soy honesta, al principio me aterró la idea de un nuevo hermanito. Creí que perdería mi estatus de consentida, de única hija mujer, de única nieta mujer. Me relajé cuando supe que sería varón, pero aun así, jamás imaginé cómo ese bebé transformaría la dinámica de nuestro hogar.
Y vaya que cambió… pero para bien. Llegó con la actitud más pacífica y amorosa del planeta. Llegó a ser calma, alegría, paz y, sin duda, diversión. Veintitrés años después —hoy— vemos a ese bebé de ojos azules graduarse como abogado.
En mi cabeza, Javier Marcelo sigue teniendo tres años. Sigue siendo ese niño que me acompañaba en mi último año de escuela haciéndome picardías. Ese que se volvía loco con los Legos y los disfraces. Me cuesta procesar que ahora es un hombre hecho y derecho, profesional, y candidato a diputado suplente. Javi fue mi primer bebé: lo llevaba a piñatas, a la escuela, le compraba útiles y uniformes, lo cuidaba y me cuidaba. Ha sido mi paño de lágrimas, mi confidente, mi compañero de fiestas. Ese bebé que llegó hace más de dos décadas me cambió la vida sin saberlo.
Aunque este escrito es para él, para mi familia y para procesar todo lo que siento hoy, también tengo algo que decirte a vos, querido lector. En realidad, son dos cosas.
La primera: la vida tiene cambios y giros inesperados. A veces no los queremos, no los buscamos, incluso nos resistimos. Pero la vida —y Dios— saben lo que hacen. Cada cambio llega porque de alguna manera nuestra historia lo necesita. Nos aferramos a lo conocido, sin darnos cuenta de que algo maravilloso está esperando entrar. Esas sorpresas que vienen sin aviso terminan siendo bendiciones que transforman nuestro camino. La vida no siempre es como esperamos… muchas veces es mucho mejor. Abrirse al cambio trae enormes recompensas, así como a los Vaquero nos llegó nuestro gran Javi.
La segunda: la vida se va demasiado rápido. En un abrir y cerrar de ojos, todo cambia. Los niños crecen, los logros se acumulan, las familias evolucionan. Pensamos que lo permanente durará para siempre, que habrá tiempo de sobra para hacer memorias… pero el tiempo no perdona. Por eso vale la pena aprovechar cada segundo, cada minuto y cada experiencia. Vivirlo todo.
Hoy celebro el logro de mi Javi. Celebro el logro de mis papás, que una vez más se gradúan con excelencia como padres. Celebro la vida que Dios me ha permitido construir junto a estos seres maravillosos que han sido mi soporte en cada una de mis etapas. El tiempo pasa rápido y nuestra dinámica como familia de cinco ha cambiado… pero en mi memoria y en mi corazón quedará tatuado para siempre el día en que llegó ese bebé que nos cambió la vida.
¡Felicidades, Javi! Te amo.
¡Feliz viernes! 😊




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